No Brainers, technology

NO BRAINERS: La cibervigilancia y por qué es importante

El tema de la cibervigilancia se ha convertido en tema de conversación en noticiarios y redes sociales después de que el ex-analista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés), Edward Snowden, filtró documentos sobre un sofisticado y agresivo programa de vigilancia electrónica llamado Prism. Según Snowden, el programa, que existe desde 2007 y cuenta con la participación de algunas de las principales empresas de internet del planeta, permite que se obtengan datos sobre los usuarios de los servicios de esas empresas y hasta captura en tiempo real sus comunicaciones. Estamos hablando de servicios que billones de personas usan todos los días para almacenar fotos, comunicarse con amigos, hacer llamadas telefónicas o enviar y recibir correos electrónicos.

Sin embargo, ¿cuán relevante es el concepto de la vigilancia electrónica? Basta observar la cantidad de datos personales que dejamos voluntaria o involuntariamente a lo largo del día en los diferentes servicios y dispositivos que utilizamos (Facebook, Twitter, Foursquare, Instagram). Suele suceder que, por ejemplo, al subir una fotografía en Instagram, el usuario active una función de geolocalización que marca en un mapa las coordenadas exactas donde la persona tomó – o subió – la fotografía (para hacer el famoso ‹‹check in››). A esto se le añade que algunos teléfonos no solo vienen con esta función sino que además sincroniza sus fotos en una ‘nube’ accesible desde cualquier punto del mundo a través de una computadora. Recientemente cobró notoriedad una historia sobre una muchacha que creó un perfil de Tumblr con fotos del individuo que le robó su iPhone. Resulta que las fotos tomadas desde el teléfono automáticamente se sincronizaban a Dropbox, un servicio de ‘nube virtual’ para almacenar archivos. Este es apenas uno de los miles de caminos para la captura y divulgación de datos personales de forma involuntaria, ya sea por falta de atención o desconocimiento.

Esto es solo la punta del iceberg. En un día, nuestros dispositivos electrónicos – en especial el teléfono móvil – saben todo lo que hicimos. Desde el momento en que despertamos y prendemos el teléfono para leer nuestros mensajes hasta la ruta que tomamos para ir a trabajar, con quien hablamos en el trayecto, qué canciones escuchamos, nuestra agenda de compromisos, lo que buscamos en internet y las cuentas que pagamos desde el teléfono. Este es apenas el lado que controlamos de nuestra vida virtual. Ahora imaginen todos esos datos de los últimos cinco años en manos de extraños, de gente que ni imaginamos que puede tener acceso a esos datos. Es imposible tener la certeza de que nuestras informaciones estén seguras.

La ‹‹magia›› de esos dispositivos y servicios depende de una serie de participantes que controlan diferentes facetas: desde los fabricantes de los dispositivos, hasta los desarrolladores de aplicaciones, pasando por las empresas de telecomunicación y por los servicios que almacenan nuestros datos. La realidad es que confiamos en esas empresas, pero no tenemos cómo saber que sucede detrás de la pantalla. Aún rodeados de mecanismos de protección, es imposible garantizar que estamos 100% seguros.

(Tomado de la revista INFO, adaptado al español)

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