Inquietudes

Dímelo y lo olvido. Enséñame y lo recuerdo. Involúcrame y lo aprendo.

¿Alguien recuerda cómo funciona el ciclo del agua? ¿la capital de Sudáfrica? ¿el número de Avogadro? Yo tampoco. Recuerdo que cuando estaba en escuela elemental, los maestros llenaban la pizarra de información para que nosotros copiáramos y guardáramos en una metafórica botella aquello que nos serviría para sacar ‘A’ en el examen. Hoy día, la pizarra se cambió por un proyector y la botella sigue reciclándose, llenándose de información inútil que para nada nos prepara para las sorpresas, desencantos y tensiones que nos esperan de la puerta del salón para afuera.

A 16 años de haber pisado un salón de clases por primera vez, aún veo muchas deficiencias de aprendizaje en los jóvenes de hoy día. Son jóvenes que, a la primera muestra de no entender el material, fueron relegados al saloncito de Educación Especial, o referidos al programa ‘Titulo I’ bajo el irónico nombre de ‘No Child Left Behind Act’, ya que los demás no se podían atrasar también. Son jóvenes que poseen una inteligencia “en bruto” a los cuales no se les dio las herramientas necesarias para desarrollarse.

Cuando se piensa en métodos educativos alternos, inmediatamente se recurre a las ideas de María Montessori, que establece que al niño se le debe dar libertad para aprender a su ritmo. Si bien Montessori acertó en ese principio, la solución va mucho más allá de eso. La realidad es que el típico salón de clases puertorriqueño parece más una guardería que un espacio para el aprendizaje. En éste, se desarrollan las capacidades retentivas del alumno, mas no las de análisis. Se memoriza con libros anticuados que el agua se condensa, se evapora y se precipita, pero no se le enseña cómo aplicarlo a la vida real. Los salones están atiborrados de 30, 35 estudiantes por ‘salón hogar’ y no se puede tomar el tiempo suficiente para atender las necesidades de cada uno, por lo que es más facil darle trabajos “para pasar de grado” en vez de atender sus necesidades de aprendizaje.

Con el pasar de los años, tras haber cursado tanto en escuela pública como en escuela privada, me di cuenta que la diferencia radicaba en cómo manejábamos nuestros recursos. Hubiera dado igual para mí haberme graduado de colegio o de escuela, pues soy un estudiante autodidacta que leía en su tiempo libre y aprendió por su cuenta francés y portugués pero, ¿cómo le enseñamos; cómo logramos mantener interesados en aprender a los demás estudiantes? Aquellos que hacen chistes a cada rato y manifiestan aburrirse en clase, aquellos que fingen prestar atención y dibujan garabatos en los márgenes de la libreta mientras el maestro da clase, aquellos que “cortan clase” en desafío a la autoridad, o porque no se sienten lo suficientemente estimulados en el salón de clase. ¿cómo integramos a todos ellos al proceso de aprendizaje?

Se precisa reestructurar el sistema eduactivo desde “pre-pre” hasta cuarto año. Se debe enfatizar la enseñanza del inglés como segundo idioma pues es el idioma que nos servirá como escudo en otros países. En una época donde la interacción principal de los niños y jóvenes proviene de una computadora, se debe educar a los niños para que analicen, para que comprendan lo que está pasando a su alrededor.

Algo que se ha observado de sistemas escolares ejemplares como el finlandés y el suizo es que durante los años de formación (seis a 14 años), la educación es obligatoria. Luego, toman estudios vocacionales o estudios enfatizados en literatura, economía y sociedad y ciencias, dependiendo de las habilidades e intereses del estudiante. Ya para los quince años, aunque aún no se tenga la certeza de qué camino seguirá después de graduarse, se debe haber identificado las fortalezas y debilidades del estudiante y el modo en que éstos aprenden, adecuando así los métodos de enseñanza. Para que esto tenga éxito, los fondos destinados al Departamento de Educación se deben descentralizar y el sistema educativo debe ser más heterogéneo.

Por último y no menos importante, es de vital importancia el que los padres y la comunidad se involucren en el proceso de enseñanza. La educación comienza en casa. De nada sirven los esfuerzos que los maestros hagan si al final son los padres los que hacen las asignaciones. La educación académica debe complementarse con lo que se aprende en el hogar. Pongan eso en la botella para que no se cuelguen en la vida.

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